DIFFERENT TRAINS

 

MÚSICA DE STEVE REICH

 

Video multicanal
SD / b&n y color / 29 minutos / junio, 2016

 

En 1988 Steve Reich compone Different Trains, una obra en tres movimientos para cuarteto de cuerda y cinta pregrabada. La obra, de sentido autobiográfico, evoca en el primer movimiento los viajes en tren desde Nueva York a Los Ángeles que Steve Reich realizó entre 1939 y 1942 como consecuencia del divorcio de sus padres. Al recuerdo de esos viajes vividos como una experiencia infantil emocionante y romántica, se sobreimpone, en el segundo movimiento, el pensamiento contrafactual de lo que le hubiera ocurrido a un niño judío como él de haberse encontrado en ese mismo período en Europa: los trenes que probablemente habría tenido que coger habrían sido los de deportación, sin retorno, a los campos de exterminio nazi. El último movimiento tiene como referencia el fin de la etapa bélica y el rápido proceso de transformación social, así como la imposibilidad de los supervivientes de desprenderse de las dudas, ansiedades y recuerdos de la devastación y crímenes del régimen nazi.

En 2016,  la Fundación BBVA me encarga hacer una obra videográfica que dote a la partitura de vida visual. Mi reescritura cinematográfica nace del montaje de imágenes de archivo de la época. La obra transcurre desde la naturaleza, los paisajes idílicos y los majestuosos trenes hasta el viaje a América de los supervivientes de la guerra, habiendo atravesado por en medio las etapas más oscuras del conflicto bélico. A lo largo de este paso del tiempo, se conjuntan archivos pertenecientes a los trenes de deportación, los campos de exterminio y la liberación. La realización se caracteriza por la división de la pantalla en tres partes, lo que me permite aportar una gran riqueza de significados; un tríptico levemente desacompasado que, por un lado, construye una fragmentación temporal y, por otro, un cohesionado collage de dinámicas y tránsitos. La grabación musical a la que se enlaza la obra es la considerada canónica, interpretada por Kronos Quartet en 1989.

 

“Dado que vivimos en una época en la que mucha gente demanda un acompañamiento visual para la música —incluso en los conciertos—, algunas personas han creado vídeos para mi pieza Different trains. Para ser sincero, no he visto la mayoría de ellos, y los que sí he visto distraen de la audición de la música. La única excepción es el brillante vídeo multicanal de Beatriz Caravaggio, que es merecedor de ser visto por sí mismo y como medio de intensificar la escucha de Different trains. Beatriz ha utilizado imágenes de archivo y, mediante el uso de multipantalla y de un excelente montaje, ha creado una obra reflexiva y emocionante. ¡Bravo, Beatriz!”,  Steve Reich, 2017

 

EXPOSICIONES Y PROYECCIONES

PROXIMAS
– Soundstreams. Toronto. 2 de febrero, 2019.

PASADAS
Fundación BBVA. Madrid. 13 de enero – 20 de marzo, 2017.
– Festival Internacional de Cine de Las Palmas. 3 y 8 de abril, 20017.
– Museo de Bellas Artes de Bilbao. 26 de abril – 25 de septiembre,  2017.
– Summer Music Vancouver. 15 de julio,  2017.
Banff Centre International String Quartet Festival. Alberta, Canadá. 3 de septiembre, 2017.
– Cine Zumzeig, Barcelona. 28 de enero, 2018.
– Museo Patio Herreriano, Valladolid. 26 de enero – 15 de abril, 2018.
– Aspekte Salzburgo Festival. 26 de abril, 2018.
– Montreal Chamber Music Festival. 12 de junio, 2018.
– Rockport Chamber Music Festival. Massachusetts. 22 de junio, 2018.

COLECCIONES
Toledo Museum of Art. Ohio.

 

 

EXTRACTOS

Del primer movimiento. América – Antes de la guerra.

 

Del segundo movimiento. Europa – Durante la guerra.

 

Del tercer movimiento. Después de la guerra.

 

 

 

PRESENTACIÓN EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO

 

 

LA REESCRITURA CINEMATOGRÁFICA DE DIFFERENT TRAINS  

 Miquel Martí Freixas

 

Revisitar, repensar, volver a mirar lo acontecido, son actitudes artísticas de nuestro presente. Una posición cultural muy activa en las últimas décadas, que especialmente indaga en los legados del siglo XX. Estas vueltas al pasado ofrecen una reflexión en detalle de lo vivido, unas inscripciones de la memoria aún más profundas de las ya existentes. Podríamos entender este viaje de retorno como un capítulo póstumo del siglo anterior.

El siglo XX es también el primero en el cual la humanidad tiene variedad de herramientas para dejar amplia constancia e interpretación de lo sucedido en el tiempo vivido. Es un siglo impreso, fotografiado, sonorizado, filmado día a día. En el siglo XXI estas múltiples herramientas que constatan lo acontecido se han globalizado y sobresaturan su propia función. Es una época escrita, fotografiada, sonorizada, filmada, compartida y experimentada virtualmente en diversidad de formatos y plataformas en cada minuto. La ingente y veloz cantidad de material que inscribe el testimonio de nuestro tiempo dificulta miradas calmas y distantes. Quizás esos obstáculos para la comprensión del presente siglo XXI también favorecen la búsqueda de las razones en las sendas del pasado siglo XX. Una de las características de estos tiempos de múltiples registros es la intersección entre ellos. Son expresiones mezcladas, interactivas, participativas. Un rasgo distintivo que desde las artes contemporáneas también se adopta. Las reinterpretaciones en muchos ámbitos artísticos, modalidades de palimpsestos y de creaciones híbridas entre varias prácticas cuyas fronteras se diluyen o las miradas poliédricas que permiten una profundización definitiva en ese objeto de estudio, son un ejemplo de ello.

La creación de Beatriz Caravaggio se encuentra en estas premisas posculturales. Desde el inicio del siglo XXI mira hacia años clave del siglo XX: los referidos al Holocausto. La obra, una película, es la reconstrucción de unas memorias compuestas en forma musical en los años ochenta. Partituras biográficas de Steve Reich que reflexionan acerca de unas experiencias colectivas, las de aquellos que sufrieron la barbarie del nazismo, transcurridas durante los años treinta y cuarenta. Así obtenemos en nuestro presente una singular y compleja obra diarístico-musical-cinematográfica que tiene un arco creativo de unas ocho décadas.
 
Ritmos, fracciones y composiciones de la memoria
 
La obra de Steve Reich Different Trains es la descripción de un pensamiento. En su infancia, el compositor transitaba de costa a costa de los Estados Unidos para visitar a sus padres divorciados. Un niño en grandes trenes, viajes que duraban varios días, largos trayectos vividos como aventuras. En su madurez, y en un proceso de indagación en sus raíces judías, el compositor comprende que mientras él disfrutaba de esas espectaculares travesías, por otros raíles circulaban historias desesperadas, con deportados destinados al confinamiento o la muerte. El compositor toma conciencia de la fortuna que vivió, quizás del peso del destino, al ser judío y hallarse en otros países alejados de la Europa del nazismo y el Holocausto.

La composición musical de Reich tiene como característica destacada la repetición, siendo muy presentes elementos que recuerdan a la actividad de un tren. Se constituye de momentos que combinan rapidez y ralentización, expresando sus distintas velocidades. Despuntan los distinguibles pitidos vinculados al funcionamiento del ámbito ferroviario. Y, especialmente, refleja el inconfundible traqueteo incesante que se acaba convirtiendo en un ritmo interno para el viajero. El compositor norteamericano plasma esta constancia en una envolvente reiteración sonora, como si se tratara de un estado de trance auditivo, que podría abrir la mente a un estado singular. En ese campo más intangible es donde se produce la conexión entre otros espacios físicos distantes, entre otros trenes y otros seres humanos. Ese rítmico viaje mental será la base de su memoria.

Beatriz Caravaggio interpreta las ideas de Steve Reich dotando a la partitura de vida visual. Su relectura nace del montaje de imágenes de archivo relacionadas con la temática expuesta y pertenecientes a su época; es decir, tienen una ligazón documental con la historia descrita.

La película transcurrirá desde la naturaleza y los paisajes, con una admiración por los majestuosos trenes, hasta la vuelta a grandes ciudades y significativos edificios, un mundo urbano grisáceo posterior a la Segunda Guerra Mundial, habiendo atravesado por en medio los horrores del genocidio. A lo largo de este paso del tiempo, se conjuntan los archivos pertenecientes a los campos, la deportación, el exterminio y la liberación; unos registros filmados en lugares y circunstancias donde el testigo de lo real escaseaba, grabados algunos por los propios nazis y otros, más tarde, por los aliados. En un vasto trabajo de selección de material de archivo, la intervención de la videoartista se fundamenta en una excelente reordenación de todas estas imágenes, una metódica y precisa elaboración hecha fotograma a fotograma. A partir de estos procedimientos, el origen documental se reescribe para crear un hilo argumental, la construcción de una mirada narradora.

La realización se caracteriza por la división de la pantalla en tres partes, aportando de esta manera una gama de lectura de significados. Por un lado, el tríptico está ligeramente desacompasado, lo que nos ofrece una fragmentación del tiempo, unos recuerdos fraccionados. Reminiscencias que aparecen algo revueltas, formadas por una diversidad de dinámicas, tránsitos y voces. El tríptico es también una compleja composición de movimientos, formas y texturas, construida con sugerente riqueza por coordinación, semejanzas o contraste. Se trata de un trabajo collagístico, pero a su vez la variedad de fuentes de archivo está pensada con uniformidad visual, lo que nos brinda un relato cohesionado.

Beatriz Caravaggio mantiene también la estructura original que divide la obra en tres movimientos, y es en el tercero donde el tríptico toma un nuevo valor a partir del contraste de significados. Los supervivientes llegan a sus nuevos destinos y el ritmo cotidiano de esas ciudades imbuye sus vidas, pero estas no dejarán de estar entremezcladas con las imborrables huellas del Holocausto. Así, el transcurso del presente convivirá con recuerdos del pasado.
 
Trascendencias y legados

Muchas han sido las representaciones artísticas vinculadas a esta temática: desde las realizadas en los propios campos (pintura, dibujo, música, literatura, poesía, entre otros) hasta las generadas hoy en día. Hay bastantes obras cumbres que se han convertido en un referente, pero más allá de destacar talentos y aciertos, el conjunto de obras en sí, el conglomerado que configuran aquellas más éticas, rigurosas, hondas o representativas, acaba constituyendo una memoria colectiva de los acontecimientos.

Desde prácticas distintas trazan un legado influyente las memorias escritas, la literatura y la poesía (Paul Celan, Ana Frank, Imre Kertész, Eugene Kogon, Primo Levi, Elie Wiesel, entre muchos otros), los cineastas (Alain Resnais, Claude Lanzmann, Andrzej Munk, Harun Farocki, László Nemes) o la música, como la de Steve Reich y la reescritura cinematográfica de Beatriz Caravaggio frente a la que nos encontramos. A su vez, memoriales y museos de todo el mundo desarrollan una función de aunamiento de la memoria histórica, incluida la artística. Asimismo podríamos incluir obras que llegan a un público muy mainstream y, aunque tengan una profundización menor que las anteriormente citadas, mantienen una ética y un verdadero interés por lo expuesto e influyen a una amplia capa de la población por su popularidad. Puede ser el caso de la famosa película de Steven Spielberg (sin olvidar su labor esencial realizada con el material de archivo) o algunos comics como el pionero de Bernard Krigstein o el célebre de Art Spiegelman.

Entre todas ellas forjan un legado rico y múltiple de inscripciones de la memoria. Un monolito conjunto de representaciones que inscriben el importante concepto de no olvidar nunca jamás lo acontecido. También encontramos, además, una esperanza de herencia futura, de que la Historia vivida en el siglo XX, de que el Holocausto y todas sus causas y consecuencias, sean parte de la memoria del porvenir. Como si en los seres humanos pudiera constar un saber común que impida desarrollarlas de nuevo, inculcando en su aprendizaje cognitivo las extremas lecciones y experiencias nacidas de ese periodo.

 

 

 

BEATRIZ CARAVAGGIO  |  DIFFERENT TRAINS  

Idoia Hormaza

 

Existen episodios de la historia que a pesar del trauma, o quizás precisamente para que éste no se repita, no pueden ser olvidados. Al estilo de las grandes historias clásicas, o en el sucederse estipulado de la acción, posee tres tiempos: introducción-desarrollo-desenlace, lo que en el lenguaje musical se traduce en tres movimientos. Tres movimientos para la pieza homónima, Different Trains (1988), del compositor de música minimalista Steve Reich interpretada por el mítico Kronos Quartet. Tres movimientos desgranados en combinaciones de tiempos monocordes -algunas veces simultáneos, otras, ligeramente desplazados- en la obra de videoarte de Beatriz Caravaggio.

Como metáfora la imagen del tren se asocia a la vida o a las oportunidades: “coger un tren”, “dejar pasar un tren”, “perder un tren”, que determinan el destino de un individuo o de un colectivo. Pero no siempre se puede elegir. Steve Reich vivió forzosamente, siendo niño, la separación de sus padres, lo que le obligó a surcar los Estados Unidos de este a oeste montado en trenes cada vez más veloces, más asequibles. La admiración por la velocidad, el juguete de dimensiones reales, le permitieron obviar el verdadero motivo del viaje que no era el del pasatiempo ni el del juego, sino el de la ruptura familiar.

Si pensamos en viajes, en vidas quebradas, la gran ruptura tuvo lugar en los mismos años en la Europa de la Segunda Guerra Mundial. La peor parte se la llevó la comunidad judía que alcanzó en la fase llamada “la solución final”, coincidente con la infancia de Reich, el cómputo de miles de personas deportadas por día tan sólo desde la estación de Varsovia de donde proceden las imágenes de archivo. Una fábrica, un sistema industrial para exterminar en tiempo récord a un pueblo entero.

El tiempo transcurre aunque a menudo quede éste surcado por cicatrices, fragmentos de película documental, vidas que continúan a pesar de las heridas. En algún momento de su vida adulta, Steve Reich relativiza lo acontecido en su infancia porque su suerte hubiera sido bien distinta de ser un niño judío al otro lado del Atlántico. Incorpora el trayecto sonoro, el traqueteo del tren, los silbidos de la locomotora, los tintineos de las barreras… como lenguaje musical de ritmos escanciados, repetitivos, de motor industrial, en la composición de una pieza reflexiva, un recordatorio del terror que en aquellos mismos años vivieron otros.

Unos prisioneros que se dirigían directamente a la muerte, sin conocimiento. Dispuestos en filas con sus únicos objetos personales en mano, en pequeñas maletas y sin alternativa.

Beatriz Caravaggio se ha servido de fondos documentales procedentes de numerosos archivos, públicos y privados, de todo el mundo para establecer un tríptico visual, otra forma de ruptura, en este caso gramatical, el número tres de nuevo. En una obra concebida en gran formato envuelve a un espectador que difícilmente puede escapar de la fuerza de las imágenes que, como la música y siguiendo su ritmo y cruces melódicos, percuten al espectador. En principio se es cautivado por fotogramas que ilustran el avance de la tecnología locomotriz de la época. Poco se puede sospechar que la deriva visual de la potencia del tren, sus infraestructuras, el paisaje en continuo movimiento, los viajeros cómodamente sentados y concentrados en un periódico, va a concluir y a servir de nexo a Beatriz Caravaggio como contraste intenso de esa cotidianeidad, a otra más brutal, que también hizo posible el avance de la tecnología. De los viajeros a los prisioneros de los trenes de deportación del Tercer Reich. La música se va ralentizando y el tema, siempre el mismo, va tornándose angustioso y va cayendo en notas de ánimo apagado.

La mayoría de las tomas que Caravaggio ha usado para un montaje contemporáneo de esa realidad, proceden de un propósito escalofriante, de la intención del comandante Gemmeker de evitar el cierre del campo de tránsito Westerbork que la cancillería de Berlín consideraría en su momento oportuno. Del mismo modo que los judíos eran obligados a las mayores tropelías en detrimento de los suyos, fue también un judío austriaco y fotógrafo, el encargado de filmar esas escenas. Rudolf Breslauer. El pago le era demasiado caro como para negarse, conservar un poco más, unos meses más, su vida y la de su familia. Tres meses después tan sólo sobreviviría una hija.

Trenes bien distintos a los americanos, herméticos, sin vistas, abarrotados, varados durante días esperando una orden y con un fin: la muerte en ese mismo recorrido de cuatro días, o bien bajo la asfixia del verano o bajo la congelación del frío invernal, o el exterminio en las fábricas del crimen sitas en Auswitch y Treblinka. Las únicas escenas en aquel momento imposibles, desde el interior de los vagones, han sido extraídas por la artista de otro material de archivo de época distinta, un documental conmemorativo a las víctimas en los años 60 en otro de los más cruentos campos de concentración, Jasenovac en Croacia. Tomas fijas de pequeños agujeros, ridículamente pequeños en las traviesas de los furgones y rejillas metálicas ortogonales que forzosamente tenían que servir de respiradero a personas hacinadas en la oscuridad de un vagón concebido para animales. Tomas que fueron filmadas desde los trenes empleados en la deportación.

Las voces con sonido de casete, samplers, de la niñera de Reich y un revisor en el primer movimiento, y las de los supervivientes entrevistados procedentes de material de archivo de la Universidad de Yale, nos acompañan en lo auditivo de la composición de Reich y en lo visual en la obra de Beatriz Caravaggio. Palabras que comienzan con la excitación infantil “los trenes más rápidos”, “desde Nueva York a Chicago”, a las más oscuras “tenía un profesor muy alto”, “cuervos negros”, “invadieron nuestro país”, “y me señaló a mí”, “no más escuela”.

La guerra acaba, los campos son liberados por los americanos y por el ejército rojo, el armisticio llega y los pocos supervivientes, que sujetan fija la mirada a la cámara, son liberados. Las sonrisas exultantes “la guerra ha terminado” y una cierta incredulidad “¿estás seguro/a?”. El nuevo arranque del viaje, de la vida, muchos de ellos emigraron a Estados Unidos. Los rascacielos estáticos como fondo de esos trenes lanzados por los raíles, “los trenes más rápidos”, “pero ya no existen”. La memoria, sí.